Conoce las fiestas indígenas dedicadas a los muertos: ¡entre flores de cempasúchil y copal!
Conoce dónde se celebran las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en México; los rituales más conocidos de la tradición viva.

Lejos de concebir la muerte como el final absoluto de la existencia o como un castigo, los pueblos indígenas celebraron fiestas dedicadas a esta etapa de la vida desde tiempos prehispánicos. Te compartimos cuáles son y dónde se hacen, pues son parte de nuestra cultura.
La relación entre los pueblos originarios de México y el plano de los difuntos es un reencuentro festivo, sagrado y comunitario que desafía la visión occidental del luto. Cada año, cuando las cosechas de maíz llegan a su término y los campos se llenan de cempasúchil, las fronteras entre el mundo de los vivos (Tlaltípac) y el inframundo se vuelven porosas, permitiendo que las almas regresen a sus antiguos hogares para convivir con sus seres queridos.
Estas festividades, reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, poseen un arraigo ancestral que logró fusionarse de manera sincretizada con las costumbres católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos tras la conquista española.
Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos son un complejo mosaico de rituales comunitarios donde cada etnia aporta sus propios lenguajes, cantos, aromas y altares. No existe un "Día de Muertos" único, sino una diversidad impresionante de ceremonias de bienvenida a los ancestros.

Fiestas indígenas dedicadas a la muerte
Xantolo
En la región de la Huasteca, que abarca territorios de los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Veracruz, Tamaulipas, Puebla y Querétaro, la festividad dedicada a los muertos recibe el nombre de Xantolo.
La hipótesis lingüística más aceptada sugiere que la palabra proviene de la deformación de la frase latina Sanctorum Omnium (Todos los Santos), introducida por los frailes durante la colonia e integrada de manera orgánica a las lenguas náhuatl y tének.
El Xantolo es un ciclo ceremonial extenso que comienza formalmente a fines de junio (durante la fiesta de San Juan Bautista, cuando se siembran las semillas de la flor de cempasúchil) y se intensifica a partir del 29 de septiembre (día de San Miguel Arcángel, cuando se "abre la puerta" del inframundo con el primer sahumerio de copal).
Para los habitantes de la Huasteca, los difuntos regresan a la tierra para habitar físicamente entre los vivos durante varias jornadas, por lo que la hospitalidad debe ser generosa y festiva.
La festividad del Xantolo se lleva a cabo en toda la región huasteca, pero donde puedes vivir más la experiencia es en:
- Huautla y Atlapexco (Hidalgo)
- San Martín Chalchicuautla y Aquismón (San Luis Potosí)
- Tempoal y Tantoyuca (Veracruz)
Uno de los aspectos más populares del Xantolo es la presencia de las comparsas de Danza de los Huehues o mamanas. Decenas de hombres y jóvenes se disfrazan con máscaras de madera talladas a mano (que representan a la muerte, al diablo, al comanche, a la mujer embarazada y a ancianos) y vestidos coloridos para bailar por las calles al ritmo del huapango de sones jarochos o huastecos interpretados con jarana y violín.

Animeecheri K'uínchekua
En la región lacustre de Michoacán, la etnia purépecha celebra la Animeecheri K'uínchekua, mejor conocida como la Fiesta de las Ánimas. Esta noche de muertos se distingue por un carácter solemne, místico, reflexivo y de respeto por el ciclo biológico y espiritual.
Los purépechas sostienen que las ánimas de los fallecidos regresan volando como mariposas monarca para reunirse con sus familias. La preparación empieza días antes con la cosecha de las flores, la elaboración de coronas artesanales y la pesca ritual en el lago.
La noche del 1 de noviembre, los cementerios se transforman en jardines iluminados por miles de velas, en una vigilia que se extiende hasta las primeras luces del amanecer.
El epicentro de esta tradición se sitúa alrededor del icónico Lago de Pátzcuaro y sus municipios colindantes: Isla de Janitzio, Tzintzuntzan, Arocutín, Jarácuaro y Pacanda.
Durante la noche del 1 de noviembre (dedicada a los ángelitos o niños) y la madrugada del 2 de noviembre (dedicada a los adultos), las familias purépechas acuden en silencio a las tumbas de sus antepasados llevando las ofrendas. Estas consisten en majestuosas estructuras cubiertas de flores de cempasúchil, alimentos preferidos del difunto, pan de ánima, camote cocido, calabaza en tacha y candelabros de barro negro o vidriado.

Hanal Pixán
En los estados de la Península de Yucatán (Yucatán, Quintana Roo y Campeche), la festividad dedicada a los muertos recibe el nombre de Hanal Pixán, expresión maya que se traduce literalmente como "Comida de las Ánimas" (Hanal = comida; Pixán = alma que da vida al cuerpo).
El Pixán es un regalo concedido por los dioses para que los difuntos viajen desde el Xibalbá (el inframundo maya) o desde los cielos hasta el mundo terrenal. Durante ocho días, la comunidad entera se prepara para ofrecerles un banquete de platillos tradicionales cocinados con leña y enterrados bajo tierra.
El Hanal Pixán se vive de manera profunda en las comunidades rurales del interior peninsular, como:
- Pomuch (Campeche)
- Hoctún, Pomuch y Izamal (Yucatán)
- Felipe Carrillo Puerto (Quintana Roo)
El platillo estrella del Hanal Pixán es el Mucbilpollo o simplemente Pib. Se trata de un tamal elaborado con masa de maíz, manteca de cerdo, espelón (un tipo de frijol tierno de la región) y relleno de carne de pollo o guajolote ahogado en una salsa espesa llamada k'ól.
El altar de Hanal Pixán se instala sobre una mesa cubierta con un mantel blanco hilado a mano (para los adultos) o de colores (para los niños). Se coloca una cruz verde de madera (que representa el árbol sagrado de la Ceiba o Ya'axché que conecta el cielo, la tierra y el inframundo), junto con jícaras de tan-chakuá (atole de maíz con cacao y pimienta tabasco), velas de cera de abejas meliponas y flores salvajes de la selva maya como el X'tes.
Ánimas del Día de Muertos
En los Valles Centrales, la Sierra Norte y la Mixteca de Oaxaca, la fiesta de muertos conocida popularmente como la conmemoración de las Ánimas del Día de Muertos se vive como una manifestación artística, comunitaria y desbordante de devoción.
Para los pueblos zapotecos y mixtecos, los muertos no traen tristeza; traen bendiciones y buen augurio para las futuras cosechas. Por ello, la recepción de las ánimas exige música de banda de viento, danza, versos satíricos, copal y la elaboración de imponentes altares de varios escalones que representan los planos de la existencia.
La fiesta se vive principalmente en el Centro Histórico y barrios tradicionales de Oaxaca, Santa Cruz Xoxocotlán, Zaachila y San Antonino Castillo Velasco.
Por las noches, las comunidades organizan Calendas y Comparsas, donde gigantes de cartonería (monos de calenda), músicos de bandas de viento y personas disfrazadas con trajes folclóricos y máscaras recorren las calles distribuyendo mezcal en carrizos y bailando alegremente.
Adentrarse en estas fiestas indígenas dedicadas a la muerte es emprender un viaje fascinante a través de los sentidos y la memoria colectiva del país. Conócelas y disfruta de una lección de hospitalidad, arte culinario y filosofía comunitaria.