Jeremías Gamboa explora las heridas de la identidad peruana en una novela
En "El principio del mundo", el escritor peruano reconstruye la infancia, la relación con su madre y la herencia colonial para abordar el racismo, la discriminación y las fracturas culturales que atraviesan a su país.

Una “chompa” –abrigo pequeño, en quechua– tejida con lana de alpaca, como las que su madre le hilaba de niño, lo que provocaba la burla de sus compañeros de escuela, detonó la novela monumental El principio del mundo (Alfaguara), del escritor y periodista peruano Jeremías Gamboa (1975).
Tras 20 años de psicoanálisis y 10 de escritura, el narrador dio vida a su obra más ambiciosa, una “novela total” de mil páginas, en la que revisa tanto su infancia y sus años escolares, como la relación con su madre y, a la vez, la identidad de los peruanos y los flagelos que no han podido superar, como la discriminación.
Cuenta la vida de un hombre de 33 años que regresa a su país, Perú, sintiéndose un náufrago: no tiene pareja, amigos, capital ni trabajo, y tampoco la menor idea de hacia dónde dirigir su vida; solo ha atinado a refugiarse en casa de su madre en el barrio de su infancia, de donde salió años antes jurando que jamás volvería.

Es como un enorme nudo que el protagonista lleva dentro desde hace años. Es un nudo vital, un nudo de sentido, un atorón biográfico. Creo que se puede asimilar al nudo colonial, esa herencia que hemos recibido del Virreinato que nos escinde por dentro, entre nuestra parte occidental y la indígena, explica en entrevista.
“El personaje tiene ese nudo, como yo, porque sus padres le han dicho que debe borrar las señas nativas, indígenas, para desplazarse mejor en la sociedad poscolonial”, agrega.
El cuentista señala que vivió todas estas historias
como malestar, como tragedia, catástrofe. Y fue un proceso de psicoanálisis el que empezó a ordenar el material. Pero no con fines literarios, sino con fines mentales, de bienestar.
“Y, tiempo después, este material, filtrado por el análisis, la autorreflexión, la literatura y la lectura, entró ya en el trabajo literario. Ha sido un proceso creativo monstruoso y demandante”, añade.

El también cronista indica que su personaje central, Manuel Flores Amaro, revisa su vida, pero de una manera dialógica, a través de tres conversaciones: con un amigo de la infancia, con la profesora que le enseñó a leer y escribir y con su madre.
Es una mujer andina, que nació en los años 40 del siglo XX, que no fue alfabetizada, que tuvo que migrar a Lima. Entonces, él recupera su vida, coteja el pasado, con el propósito de la integración; es decir, cómo poder ser al mismo tiempo de Lima, de Ayacucho, ser costeño, quechua y aimara”, indica.
El autor de la novela Contarlo todo destaca que trabajó “con las palabras que nos fueron borradas, negadas; las que nos duelen, las que nos generan malestar: cholo, indio, pobre, niño invisible, migrante.
“Son las palabras que mis padres me borraron y no querían que pronunciara. Pero he sido un desobediente, porque he intentado dignificar las palabras que nos avergonzaban”, dice el escritor.
Son las palabras que mis padres me borraron y no querían que pronunciara. Pero he sido un desobediente, porque he intentado dignificar las palabras que nos avergonzaban”, dice el escritor.
Jeremías Gamboa concluye que, dolorosamente, en Perú no hay un ‘nosotros’. “Somos personas con una conciencia anudada que, por no integrarse completamente con todas sus partes, les cuesta ver al otro como un igual”.