La primera Bienal Internacional de Caricatura Tlatelolco abre sus puertas
Con jurado de primer nivel, la Bienal de Caricatura en Tlatelolco premia a autores de Irán y Ucrania en una muestra crítica sobre geopolítica e IA. Conoce más.

Con líneas afiladas y colores que desobedecen al poder, la primera Bienal Internacional de Caricatura Tlatelolco abrió sus puertas al análisis y la crítica en torno a las contradicciones del llamado “Nuevo Orden Mundial”.
La sede elegida fue el emblemático Salón Juárez del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), recinto histórico donde se llevó a cabo la Primera Conferencia Mundial de la Mujer en 1975. En este espacio se reúnen 110 de las mejores piezas participantes de la edición, seleccionadas tras una rigurosa deliberación a ciegas por un jurado de primer nivel conformado por Carmen Aristegui, Ricardo Raphael, Darío Castillejos, Pedro Salazar y Cintia Bolio.
Sin conocer previamente la identidad ni el origen de los autores, el jurado otorgó el primer premio al iraní Hamid Ghalijari, cuya obra confronta a un ejército frente a la fragilidad de una flor; el segundo puesto fue para el ucraniano Vladimir Kazanevsky y su sátira visual sobre la Torre de Babel y la inteligencia artificial. Dos creadores provenientes de geografías marcadas por el conflicto que encontraron resonancia en la elocuencia del dibujo.

La inauguración contó con el respaldo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las embajadas de Francia y Alemania, el Goethe-Institut y Cartón Club. Durante el acto, la embajadora de Alemania en México, Margarete Gosse, ahondó en la naturaleza incómoda y urgente de esta disciplina:
La caricatura es un dibujo con opinión y, por ende, un arte sumamente poderoso. En tiempos difíciles, los caricaturistas se convierten en una especie en peligro; la libertad de expresión no existe únicamente para respaldar las posturas cómodas, sino para señalar con crudeza nuestras debilidades y fallos”.
Montadas a manera de trinchera ética, las obras no ofrecen concesiones complacientes ni pretenden salvarnos del desastre, sino evitar que la humanidad se precipite al abismo sin haber comprendido sus propios extravíos.

La fecha elegida para la apertura guarda también un hito en la memoria colectiva: coincide con el nacimiento, en 1945, de la Organización de las Naciones Unidas tras las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Una efeméride que hoy, frente a los muros de la exposición, detona una pregunta inevitable: ¿hacia dónde vamos?
De esa interpelación nadie queda exento, ni siquiera la infancia, como recordó David Boligán, representante de Cartón Club e hijo del caricaturista Ángel Boligán:
La caricatura divulga y enseña sin pedir permiso; plasma en trazos lo que a menudo cuesta escribir o verbalizar. Al prescindir de traducciones o notas de contexto, logra que un niño se pare frente al papel, comprenda el mundo y se ría de él sin mediar una sola palabra”.
Aunado a esta selección internacional, el público podrá apreciar parte del acervo de más de 20 mil cartones que el CCUT resguarda, con firmas fundamentales como las de Rogelio Naranjo, Rius y Chubasco.
Así, la Bienal ratifica que mientras existan miradas críticas y papel disponible, ninguna mordaza podrá apagar la elocuencia del silencio.