El voluntariado como motor de transformación social
La SEGIB reconoce el Programa de Voluntariado Corporativo de Cox en México, concebido como una manera de aportar tiempo, conocimientos y energía a causas que generan impacto real.

La solidaridad no suele medirse en megavatios, kilómetros de infraestructura o indicadores financieros. Se mide en horas compartidas, en una conversación que acompaña, en un árbol plantado, en una comunidad que encuentra nuevas oportunidades o en una persona que descubre que puede ayudar a transformar la realidad de alguien más.
Lo que comenzó como una serie de actividades de voluntariado impulsadas por colaboradores comprometidos con generar un impacto positivo, fue evolucionando con los años hasta consolidarse como una de las principales iniciativas de acción social que hoy impulsa la compañía de agua y energía Cox en México.
Ese trabajo fue reconocido recientemente por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la Fundación Iberoamericana para la Gestión de la Calidad (FUNDIBEQ), quienes le otorgaron el Reconocimiento a Mejores Prácticas en Materia de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en categoría Plata, por su Programa de Voluntariado Corporativo. A lo largo de 15 años, la iniciativa ha movilizado a cerca de 21,000 voluntarios, beneficiado directa e indirectamente a más de 4.3 millones de personas y construido alianzas con 377 organizaciones.

Para Karina Gómez, coordinadora de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de Cox México, uno de los principales logros ha sido ver cómo el voluntariado se ha convertido en parte de la cultura de la organización: “Poco a poco hemos fortalecido tanto las actividades como la manera en que las llevamos a cabo. Hoy contamos con dinámicas presenciales y en línea, lo que nos permite llegar a más personas y ofrecer múltiples temas dentro de los pilares que conforman el programa -medio ambiente, educación, salud y bienestar- siempre con la diversidad y la inclusión como ejes transversales”.
El trabajo continuo del equipo de RSC, encargado de diseñar las dinámicas, identificar necesidades sociales, fortalecer alianzas y coordinar una red de personas, ha permitido que, edición tras edición, el voluntariado siga creciendo y generando valor.

Más que una actividad, una cultura
Para Gómez, el verdadero impacto trasciende cualquier indicador: “Más allá del crecimiento en números, me emociona ver cómo el voluntariado se ha consolidado dentro de la empresa, convirtiéndose en una parte importante de nuestra cultura organizacional y en un espacio donde las personas pueden conectar con causas que les inspiran, relacionarse con colaboradores de distintas áreas y fortalecer el sentido de comunidad y pertenencia”.
En el marco de estas actividades se produce además un beneficio mutuo con un enfoque centrado en la gente: “Me quedo con la calidez de las personas. Tanto de las voluntarias y los voluntarios como de las comunidades que nos reciben siempre con una sonrisa, compartiendo lo que tienen y haciéndonos sentir bienvenidos desde el primer momento”.
Uno de los episodios que mejor refleja el espíritu solidario se produjo durante la pandemia. En medio del confinamiento y las restricciones sanitarias, el programa encontró nuevas formas de mantenerse activo y seguir acompañando a quienes más lo necesitaban. De aquella etapa nació Adopta a un abuelit@, que permitió conectar a voluntarios con personas adultas mayores que enfrentaban periodos de aislamiento.
“Las y los voluntarios encontraron un espacio para escuchar historias de vida llenas de aprendizajes y crear vínculos genuinos”, recuerda Gómez. Muchas de esas relaciones, asegura, permanecen hasta hoy.
Canalizar el compromiso, ampliar el impacto
Después de 15 ediciones ininterrumpidas, el Programa de Voluntariado Corporativo demuestra que el compromiso social forma parte del ADN de Cox. Una visión que entiende que el desarrollo no se construye únicamente con infraestructura, energía o agua, sino también impulsando iniciativas capaces de generar oportunidades, fortalecer el tejido social y mejorar la vida de las personas. Porque cuando la colaboración se convierte en acción se logra dejar una huella real y duradera en el entorno.

“Porque el voluntariado está hecho de personas para personas. Creo que las conexiones humanas tienen el poder de transformar realidades. Compartir tiempo, experiencias, conversaciones, aprendizajes, e incluso una comida, crea vínculos que nos acercan, nos sensibilizan y nos recuerdan que todos formamos parte de una misma comunidad”, concluye Karina Gómez.