¿Cuál es la historia del templo de San Hipólito?

El templo de San Hipólito guarda una historia ligada a la Conquista y hoy reúne a miles de fieles que veneran a San Judas Tadeo en CDMX.

Templo de San Hipólito.
Templo de San Hipólito.Foto: Cuartoscuro.com / Moisés Pablo Nava

Cada día 28 de mes, miles de creyentes llegan al templo de San Hipólito, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, para venerar a San Judas Tadeo, agradecer los favores recibidos y pedir su intercesión. La fe que reúne a tantas personas ha convertido este recinto en uno de los lugares religiosos más emblemáticos de la capital.

Durante las festividades dedicadas al santo, la afluencia puede alcanzar decenas de miles de personas. Sin embargo, detrás de esta devoción hay una historia que se remonta a la época de la Conquista y a uno de los episodios más recordados de la caída de Tenochtitlan.

¿Quién fue San Hipólito?

San Hipólito fue un sacerdote y teólogo cristiano que vivió aproximadamente entre los años 170 y 235 d. C. Destacó por sus conocimientos de filosofía y por sus escritos sobre el cristianismo, entre los que se encuentra Refutación de todas las herejías. Esta obra aborda distintas corrientes de pensamiento y debates teológicos de su época.

En el año 217, Hipólito tuvo diferencias doctrinales con el papa San Calixto I. Sus desacuerdos provocaron una ruptura dentro de la comunidad cristiana y lo llevaron a ser considerado el primer antipapa de la historia.

Su historia está vinculada con el origen del templo que lleva su nombre en la Ciudad de México, aunque la construcción de este recinto también recuerda un episodio fundamental de la historia nacional.

Historia del templo de San Hipólito

Para conocer la historia del templo de San Hipólito es necesario regresar a 1520, durante la llamada Noche Triste, cuando las fuerzas de Hernán Cortés sufrieron numerosas bajas mientras huían de Tenochtitlan.

Este episodio ocurrió la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520. De acuerdo con la tradición histórica, el sitio donde hoy se encuentra el templo quedó asociado con aquellos acontecimientos.

Un año después, en 1521, Hernán Cortés dispuso la construcción de un templo para conmemorar a quienes murieron durante la huida. El recinto fue dedicado a San Hipólito y San Casiano, en relación con la fecha del 13 de agosto, cuando cayó Tenochtitlan.

Así, el templo quedó ligado a uno de los momentos decisivos de la Conquista y, con el paso de los siglos, adquirió un nuevo significado para miles de personas que acuden a él movidas por su fe.

Templo de San Hipólito

Actualmente, el templo de San Hipólito es uno de los recintos religiosos más representativos para los devotos de San Judas Tadeo en la Ciudad de México.

Cada mes, las inmediaciones se llenan de creyentes que llegan para participar en las misas, agradecer los favores atribuidos al santo y encomendarle nuevas peticiones. La celebración del 28 de octubre, fecha dedicada a San Judas Tadeo en el calendario católico, suele convocar a una multitud especialmente numerosa.

La devoción a este santo en el templo comenzó a fortalecerse durante la década de 1950, cuando los sacerdotes claretianos acondicionaron una capilla dedicada a él. Desde entonces, el recinto se convirtió en un punto de encuentro para quienes buscan expresar su fe y mantener viva esta tradición religiosa.

El templo se encuentra en Zarco número 12, colonia Guerrero, alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, y la estación del Metro Hidalgo es la mas cercana.

Su relevancia también quedó de manifiesto en 2024, cuando las reliquias de San Judas Tadeo, entre ellas un fragmento óseo de su brazo, llegaron a México para realizar un recorrido por distintos recintos religiosos. El templo de San Hipólito formó parte de los lugares vinculados con esta visita, que permitió a los fieles acercarse a una reliquia asociada con el apóstol.

Templo de San Hipólito.
Templo de San Hipólito.Foto: Cuartoscuro.com / Victoria Valtierra Ruvalcaba

Hoy, el templo de San Hipólito es mucho más que un monumento histórico: es un espacio donde la memoria de la ciudad y la fe de sus habitantes se encuentran. Cada mes, las calles que lo rodean se convierten en testimonio de una devoción que continúa pasando de generación en generación.