El acoso escolar no ocurre a solas: el papel de los compañeros y las escuelas

Una investigación de Mejoredu revela cómo reaccionan los estudiantes que presencian agresiones, qué creencias pueden justificarlas y cuáles son las principales respuestas de las escuelas ante el acoso.

Ilustración de un estudiante sentado y angustiado mientras otros compañeros lo observan o se burlan. La gráfica señala 24.5% de espectadores no comprometidos, 13.7% de defensores agresivos y 10.8% de espectadores que apoyaron el acoso.
Los estudiantes que presenciaron acoso reportaron diferentes respuestas: mantenerse al margen, defender mediante agresiones o apoyar al agresor.Alexandro Medrano

El acoso escolar no es únicamente una situación entre quien agrede y quien recibe el daño. A su alrededor existen compañeros que observan, estudiantes que pueden reforzar la agresión, normas de convivencia y adultos que deben intervenir para prevenirla y atenderla.

Una investigación de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu) permite observar estas dinámicas desde una perspectiva poco habitual: no sólo cuántos estudiantes experimentan acoso, sino qué sucede alrededor de las agresiones y qué condiciones escolares se relacionan con ellas.

La Encuesta sobre acoso escolar entre estudiantes de educación secundaria, publicada en 2024, reunió información de 64,173 estudiantes de 495 escuelas, además de 6,429 docentes y trabajadores de apoyo y 572 directivos.

El levantamiento se realizó entre junio y julio de 2022. Mejoredu advierte que los participantes no constituyen una muestra estadísticamente representativa de todos los estudiantes de secundaria del país, por lo que sus resultados describen a quienes participaron y no deben interpretarse como estimaciones nacionales actuales.Los compañeros que presencian una agresión

Entre los estudiantes que habían presenciado situaciones de acoso en los tres meses anteriores a la encuesta, Mejoredu identificó distintas formas de comportamiento.

El 24.5% de quienes respondieron la escala correspondiente mostró conductas de espectador no comprometido: evitar involucrarse, alejarse o permanecer al margen de la situación.

Otro 13.7% manifestó conductas de defensa agresiva, como amenazar o humillar a quien realizó la agresión. Por su parte, 10.8% mostró comportamientos favorables al acoso, que pueden incluir burlarse de la víctima, animar al agresor o sumarse a la agresión.

Estos porcentajes corresponden a escalas con bases de respuesta ligeramente distintas y no representan grupos excluyentes. Un mismo estudiante puede comportarse de diferente manera según las personas involucradas y las circunstancias.

La encuesta también examinó la defensa constructiva, como consolar a la víctima o solicitar ayuda de un adulto. Sin embargo, esa escala no alcanzó los criterios estadísticos necesarios y sus resultados fueron excluidos del informe.

Por ello, no es posible establecer con esta investigación qué porcentaje de espectadores defendió pacíficamente a las víctimas.

Ilustración de un adolescente reflexionando entre ideas que justifican la violencia, como culpar a la víctima o considerar fuertes a los agresores. Se destaca el 6.3% de desconexión moral alta.
El 6.3% de los estudiantes que respondió la escala presentó desconexión moral alta, asociada positivamente con el acoso ejercido.Alexandro Medrano

Cuando la agresión encuentra una justificación

¿Por qué una conducta perjudicial puede llegar a considerarse aceptable?

Una de las variables estudiadas por Mejoredu es la desconexión moral: un conjunto de mecanismos que permiten justificar comportamientos contrarios a los principios personales, minimizar sus consecuencias o evitar sentimientos de responsabilidad.

Entre las afirmaciones utilizadas en la encuesta aparecen ideas que responsabilizan a los estudiantes agredidos por lo que les sucede o presentan a quienes agreden como personas fuertes o populares.

Los resultados muestran que 6.3% de los estudiantes que respondieron esta escala presentó desconexión moral alta; 64.9% se ubicó en un nivel bajo y 28.8% no manifestó desconexión moral.

La investigación también identificó una asociación estadística positiva entre desconexión moral y acoso ejercido. Es decir, una mayor puntuación en la primera variable tendió a acompañarse de una mayor puntuación en conductas de acoso.

No obstante, la relación fue pequeña y no demuestra que estas creencias provoquen directamente las agresiones.

El hallazgo ofrece una perspectiva relevante: además de identificar comportamientos violentos, resulta necesario comprender las ideas que pueden contribuir a justificarlos.

Ilustración de una escuela con dos estudiantes conversando y otro aislado. La gráfica destaca que 26.7% percibió un clima escolar regular o malo y señala convivencia, seguridad y reglas escolares.
El 26.7% de los estudiantes que respondió percibió un clima escolar regular o malo. Una mejor percepción del ambiente se asoció con menos acoso ejercido.Alexandro Medrano

La convivencia y las reglas también forman parte del problema

Las relaciones entre estudiantes, la confianza en los docentes, la percepción de seguridad y la aplicación de las normas escolares integran lo que los investigadores denominan clima escolar.

De los estudiantes que respondieron la escala correspondiente, 53.9% calificó el ambiente de su escuela como bueno y 19.4% como muy bueno.

En contraste, 20.6% lo consideró regular y 6.1% malo. En conjunto, 26.7% reportó una percepción regular o negativa de su ambiente escolar.

El estudio encontró que una mejor percepción del clima escolar se relacionaba con menos conductas de acoso ejercido.

Entre los factores examinados, el clima escolar presentó la asociación de mayor magnitud con el acoso ejercido, aunque el coeficiente de correlación fue pequeño.

Esto no significa que una escuela con problemas de convivencia necesariamente produzca más agresores. Los resultados tampoco permiten establecer cuántos casos de acoso podrían prevenirse mediante una intervención específica.

Sí muestran que las relaciones cotidianas dentro del plantel merecen atención al estudiar el fenómeno, más allá de los incidentes individuales.

Ilustración de una directiva escolar reunida con estudiantes y adultos. Los datos indican que 88.0% de los directivos mencionó reportes, 20.6% medios de denuncia y 7.6% encuestas estudiantiles como vías de identificación del acoso.
El 88.0% de los directivos mencionó los reportes de estudiantes, familias o docentes como una vía para identificar el acoso escolar.Alexandro Medrano

¿Cómo descubren las escuelas las situaciones de acoso?

Para atender una agresión, primero es necesario identificarla. Sin embargo, no todas las situaciones llegan al conocimiento de los adultos de la misma manera.

De acuerdo con los directivos encuestados, la vía de identificación más mencionada fue recibir reportes de estudiantes, madres, padres, tutores o docentes: 88.0% señaló este mecanismo.

Otras vías incluyeron reportes del personal de orientación, prefectura o apoyo escolar (63.4%), la observación de las relaciones entre estudiantes (51.3%) y las preguntas directas a los alumnos (30.1%).

En cambio, 20.6% mencionó medios específicos para recibir denuncias, como buzones, correos o números telefónicos, mientras que 7.6% señaló encuestas aplicadas a estudiantes.

Los resultados proceden de una pregunta que permitía mencionar diversas formas de detección. No indican qué proporción de los casos reales se descubrió mediante cada mecanismo.

La investigación también encontró que 39.2% de los directivos consideraba que una dificultad para identificar el acoso era que los estudiantes no informaban honestamente sobre estas situaciones.

Este dato recoge la percepción de los directivos, no demuestra que los estudiantes oculten deliberadamente las agresiones.

La combinación de respuestas revela la importancia de contar con diferentes mecanismos de identificación y de generar condiciones de confianza para que los estudiantes puedan comunicar lo que sucede.

Ilustración de un maestro dialogando con cuatro estudiantes. La gráfica muestra que 70.8% propuso intervención docente, 49.2% pláticas y talleres y 30.7% medios para denunciar el acoso.
La intervención docente fue la medida más mencionada por los estudiantes para prevenir y atender el acoso escolar, con 70.8%.Alexandro Medrano

Lo que los estudiantes consideran necesario

Además de analizar conductas y factores asociados, Mejoredu preguntó a los participantes qué medidas consideraban importantes para prevenir y atender el acoso escolar.

La propuesta estudiantil más mencionada fue que los maestros intervengan cuando observan o reciben reportes de agresiones, con 70.8%.

También se mencionaron pláticas y talleres sobre el acoso y sus consecuencias (49.2%), mayor vigilancia de los espacios escolares (34.5%) y facilidades para denunciar situaciones de acoso, incluidos mecanismos anónimos (30.7%).

Estas respuestas no significan que esos porcentajes de estudiantes hayan denunciado incumplimientos docentes. Se trata de medidas que propusieron para mejorar la prevención y atención.

Por su parte, 79.8% de los directivos participantes afirmó que en su escuela se había puesto en práctica un protocolo de atención. Esta declaración no constituye una evaluación independiente de su funcionamiento o eficacia.

La investigación insiste en que las acciones contra el acoso deben involucrar a toda la comunidad escolar: estudiantes, docentes, directivos y familias.

Los compañeros pueden desempeñar un papel importante al buscar ayuda, acompañar a quien recibe una agresión y evitar reforzar las conductas violentas. Sin embargo, la responsabilidad de proteger a los menores y atender los casos debe permanecer en los adultos.

En este Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el Ciberacoso, los resultados de Mejoredu permiten recuperar una pregunta fundamental: además de reconocer las agresiones, ¿qué está haciendo cada comunidad escolar para identificarlas, prevenirlas y responder a ellas?

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