Cempasúchil, la flor dorada que enlaza el Día de Muertos mexicano con India

Originaria de México, la flor de cempasúchil, que viste ofrendas y hogares en Día de Muertos, trascendió fronteras en el siglo XVI y forma parte de los rituales sagrados del hinduismo

A la par del Día de Muertos en México, la flor de cempasúchil enmarca los rituales sagrados del hinduismo en India.
A la par del Día de Muertos en México, la flor de cempasúchil enmarca los rituales sagrados del hinduismo en India.Generada con IA

XALAPA, Ver.— En las vísperas del Día de Muertos, los campos, mercados, casas y espacios públicos del país se tiñen del característico naranja del cempasúchil. Sin embargo, a más de 15 mil kilómetros de distancia, esta misma flor enmarca de forma simultánea los rituales sagrados del hinduismo en India, tejiendo un insospechado puente espiritual y cultural entre ambas naciones.

Conocida en el entorno náhuatl como cempoalxóchitl (veinte flores), esta especie nativa de México cruzó los océanos en las alforjas de comerciantes y navegantes a partir del siglo XVI. Tras su llegada al subcontinente asiático, se adaptó con tal fuerza que hoy en día es parte indispensable de la vida cotidiana y religiosa en estados como Bengala Occidental, donde se le conoce como Genda Phool.

Del ciclo agrícola al altar de muertos

En la tradición mexicana, la sacralidad del cempasúchil no comienza en la ofrenda, sino desde la propia tierra. Para las comunidades campesinas, como San Pablo Coapan, en Naolinco, la siembra y el corte de la flor constituyen un ritual regido por el calendario festivo y astronómico. La siembra arranca formalmente el 24 de junio, día de San Juan Bautista, momento en que las lluvias veraniegas bendicen la semilla. Cuatro meses después, el corte inicia el 24 de octubre, festividad de San Rafael Arcángel, marcando la pauta para la recolección y la apertura de los caminos festivos.

Esta preparación del suelo y del tallo culmina en los altares de muertos, donde el cempasúchil deshojado traza senderos de pétalos cuyo aroma penetrante y resplandor naranja guían a las almas de los difuntos desde el Mictlán de regreso al hogar familiar.

La flor alcanza, de este modo, una relevancia única y actualmente su presencia en los altares es imprescindible.

Cempasúchil, tradición que nunca muere
Cempasúchil, tradición mexicana que encontró camino hasta India.

Del aroma de las almas al fuego sagrado

En India, el simbolismo de la flor guarda paralelismo con la cosmovisión mexicana. Sus tonos dorados y anaranjados representan la pureza, la energía del sol y el fuego sagrado (Agni). Durante la celebración de la puja —el ritual de veneración hinduista—, millones de guirnaldas de cempasúchil vistiendo las estatuas e imágenes de las divinidades principales: Brahma, el creador; Vishnu, el mantenedor, y Shiva, el destructor, así como a las deidades femeninas y avatares regionales.

El cultivo no se rige por un santoral patronal, sino por el ritmo de las lluvias monzónicas y la llegada de la temporada de festivales. Los agricultores indios inician la siembra entre junio y julio para hacer coincidir el punto máximo de recolección con festividades como Dussehra, Diwali y la Durga Puja. Antes de adentrarse en los campos, es tradición realizar la Bhoomi Puja —un rito de veneración a la Madre Tierra— y llevar el primer manojo recién cortado al templo local como ofrenda a Ganesha o al dios sol Surya, garantizando así que la bendición divina preceda al uso ritual de las floridas guirnaldas.

Esta profunda convergencia entre ambas culturas motivó la reflexión de la cantante y periodista bengalí Koyel Basu, quien al presenciar las festividades en suelo mexicano reconoció de inmediato la identidad del rito. Para Basu resulta fascinante cómo en ambas latitudes la flor funciona exactamente como el mismo canal de comunicación: en India, para convocar y rendir culto a lo divino; en México, para convocar y honrar la memoria de los ancestros.

Es fascinante ver cómo una flor logra conectar dos cosmovisiones tan ricas. En la India usamos el cempasúchil para las pujas, adornando los altares y estatuas de nuestras deidades para ofrecer pureza y luz. Al estar aquí y ver los caminos de pétalos preparados para recibir a las almas en el Día de Muertos, la emoción es la misma: la flor como un canal entre lo terrenal y lo sagrado”, compartió Basu.

En ambas cosmovisiones, la flor trasciende la mera ornamentación agrícola para convertirse en una ofrenda viva y efímera. Al final, el cempasúchil demuestra cómo la siembra, el aroma y la luz pueden unir a dos pueblos distantes bajo una misma búsqueda de trascendencia entre lo terrenal y lo sagrado.

A la par del Día de Muertos en México, la flor de cempasúchil enmarca los rituales sagrados del hinduismo en India.
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En China, de la longevidad a la agroindustria

A diferencia del profundo significado espiritual y funerario que posee en México o de su rol en las pujas de la India, en China el cempasúchil recorre un camino enfocado en la longevidad y el uso industrial.

Conocida en mandarín como Wànshòujú, que significa “crisantemo de los diez mil años de longevidad”, el matiz amarillo-naranja de la flor se asocia con el sol, la prosperidad y el buen augurio para la salud.

Sin embargo, su principal presencia en el gigante asiático es de carácter agroindustrial. China es el mayor productor global de pigmentos derivados del cempasúchil, principalmente luteína, empleada en la industria farmacéutica y en la avicultura para intensificar el color de la yema del huevo.

Asimismo, de los laboratorios asiáticos ha proliferado la variedad ornamental enana o híbrida, que se comercializa en maceta. A diferencia del cempoalxóchitl criollo de los campos mexicanos, esta versión industrial carece del perfume penetrante característico que guía a las ánimas y produce semillas estériles, respondiendo a una lógica de producción estrictamente comercial.

Una flor, tres países y tres nombres

  • Nombre científico: Tagetes erecta.
  • Náhuatl: Cempoalxóchitl (“veinte flores”).
  • Bengala Occidental (India): Genda Phool.
  • Mandarín: Wànshòujú (“crisantemo de los diez mil años de longevidad”).