Por los abogados del exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui, supimos que la jueza que vinculó a proceso hace dos días a su defendido y ordenó su reclusión en el penal de Almoloya renunció al cargo. Parece increíble, pero es lo que afirman. No veo qué ganarían inventando una versión así.
Se trata de la jueza federal Mariana Vieyra, quien el año pasado, con el apoyo del acordeón, compitió y ganó su juzgado. Sería una anomalía que, 16 meses después, abandonara el puesto. Y como el Órgano de Administración Judicial —obligado a aceptar la renuncia y enterar al Senado— nada dice, quedamos con la duda de si la jueza Mariana Vieyra habrá renunciado por “motivos personales” o si expuso otras razones.
Una jueza que, además, marchó al compás del régimen de la 4T en los casos de los hermanos Farías y El Capitán Sol, procesados y presos por ser los supuestos artífices de la gigantesca red de corrupción de hidrocarburos en la Marina. La misma jueza que desestimó las pruebas de las víctimas de secuestro a fin de dictar la exoneración de Israel Vallarta.
Dios sabrá qué pudo llevarla a tomar una decisión tan contraria a lo que parecía ser su lógica profesional. Porque en el “sistema judicial más democrático del mundo”, no se informa sobre estos asuntos. Faltaba más.
