Me sorprendió tremendamente que uno de los mayores productores de la televisión mexicana presentara un video así. Desconozco qué abogados asesoran a Luis de Llano; a fin de cuentas, no importa. Porque cuesta creer que él no supiera lo que estaba haciendo al grabar y difundir este video sin alma de un larguísimo minuto con el que pretendía cumplir la sentencia de la Suprema Corte que lo obligaba a disculparse públicamente con Sasha Sokol. Es inexplicable en términos de realización que un especialista en emociones presente un trabajo de cero empatía con la víctima, con cero arrepentimientos en la lectura del texto leguleyo plantado en el teleprompter. A menos de que eso haya querido producir. La respuesta reprobatoria de Sasha llegó de inmediato. Con firmeza y elegancia, la actriz le exige ahora a De Llano el cumplimiento íntegro de la resolución. Y le advierte que promoverá las acciones legales necesarias hasta que asuma la responsabilidad de sus actos y cumpla lo ordenado por la justicia. De todo esto, me quedo con la sencillez de la frase final del comunicado de rechazo de Sasha: “Una sentencia es una orden judicial, no una sugerencia”. Una frase que me lleva a otra mujer cuyo caso también ha estado en boca de medio México: la jueza Martha Magaña. La nueva jerarquía judicial la persigue, como si de una malhechora se tratara, por haber concedido una suspensión en 2024 para frenar una votación en la Cámara de Diputados. Suspensión sobre la que se orinó la ensoberbecida aplanadora de la 4T. ¿Una sentencia es una orden judicial, no una sugerencia? Habría que preguntárselo a la jueza.
