En memoria de Cuauhtémoc Cárdenas, fundador y precursor.
El Día de Muertos se parece mucho a la política. Es atrayente, pero da miedo. Hay muertos a los que nunca olvido y hay vivos a los que nunca recuerdo. Hoy tenemos muchas calaveras y catrinas que serían guasonas de no ser porque hay hartos muertos en nuestro panteón político.
En cuanto al sistema de gobierno y de justicia, ya están en capilla ardiente la gobernabilidad, el constitucionalismo, el federalismo, muchas de las libertades y la soberanía interna. Ya están en su cripta la estabilidad interior, la política exterior, el sistema de partidos, los estados y municipios, así como la participación de la sociedad civil. Ya están en la morgue la esperanza, la democracia, la justicia, la anticorrupción y la seguridad pública.
En cuanto al sistema de economía y desarrollo, ya están en el forense las pensiones, la inversión, el empleo, el ingreso-gasto, la deuda, el crecimiento, la infraestructura, la superestructura y el progreso. En cuanto al sistema de atención social, ya duermen en féretro la salud, la educación, la seguridad social y la concordia.
Hay un enorme cementerio donde reposan la Presidencia fuerte, el Congreso soberano, la Suprema Corte y los tribunales respetados, los estados y municipios libres, los autónomos poderosos y los partidos dignos. Hoy, todos están sometidos por el mal oficio, por la mala moral, por el mal desempeño, por el mal resultado y por el mal futuro.
En la medicina, el que no tiene signos vitales se llama muerto. En la política, el que no tiene signos futuros, también se llama muerto. ¿Así o más claro? En el altar ya podrían estar las catrinas de la banda, de la toga, de la tribuna, de la boleta, de la urna, del quirófano y del aula que ahora ya están rasgados y embarrados.
La real politik ha dejado a la vista muchos muertos malolientes. Allí están los alebrijes del desabasto médico, de las pensiones mochas, del escándalo INE, de los requeridos para extradición, del huachicol, de los desparecidos, del derecho de piso, de la reforma judicial y de 20 o 40 más. No sabemos si todo esto es pasajero como la vida o perdurable como la muerte. ¡Vamos!, si es presagio o si es preludio, si es pronóstico o si es prólogo, si es profecía o si es prefacio. Si es de guasa o de llanto. Ya no sabemos si es de susto o si es de pánico.
Hoy, los gobernados tienen que cargar a sus muertos, hacer sus velorios, rezar sus novenarios, decir sus misas y hasta contratar sus plañideras. El “día de los muertos” debiera ser el día de la lección y la noche de la memoria para todos los gobernantes. También cargan sus momias, que son su ignorancia, su indolencia, su inconsciencia, su imprudencia y, en algunos casos, hasta su indecencia. O entierran a sus muertos o tendrán que aguantarse la peste.
Desde los césares romanos ya existía un memento mori, un acuérdate de la muerte, porque la vida es breve y transitoria. Pero el poder es aún más breve y transitorio que la vida. Hay muchas inconformidades. Médicos, buscadoras, transportistas, campesinos, sindicatos, extorsionados, familias doloridas, padres desatendidos y muchos más. Los problemas son el combustible, el fracaso es el comburente y la inconformidad puede ser el carburante. Si un día todos se unen, esa chispa es la explosión. ¡Cuidado… mucho cuidado!
Pero también hay resucitaciones. Algunas fueron tersas como el Rubicón, aportación romana; el Descubrimiento, contribución hispana; el Renacimiento, provisión ítala; la Constitución, prestación americana; y la Reforma, concesión mexicana. Muchas otras fueron muy violentas como la Fronda, la Bastilla, San Luis y Guadalupe.
Ésa es la verdadera lección del “día de los muertos”. Se ven sombras, se escuchan voces, se sienten pasos. Las ánimas no hacen ruido, pero tampoco duermen. Tengan miedo, …tengan mucho miedo. El Halloween nos espanta, pero la Fronda nos aterroriza.
