De Rosario al cielo

El pasado 31 de agosto, a los 39 años, Lionel Messi anunció su retiro definitivo de la Selección Argentina. 21 años, seis mundiales, 207 partidos y 125 goles con la camiseta albiceleste quedan en su historia. Se va consiguiendo un Campeonato del Mundo, un bicampeonato de América y como máximo goleador en la historia de su país. Pero, sobre todo, se va después de haber cambiado una relación —que durante años estuvo marcada por la polémica— en una de las más grandes y entrañables del futbol.

“Después de este tiempo que pasó desde la final, pensándolo mucho, quiero comunicarles a todos que me retiro de la Selección…”, dijo hace unos días Messi. No fue una decisión tomada de un día para otro, había escrito su despedida dos días después de perder la final del Mundial frente a España. La muerte de su padre terminó por convencerlo de que había llegado el momento de decir adiós.

Messi debutó con la Selección Argentina el 17 de agosto de 2005, en Budapest. Jugó apenas unos segundos, en el segundo tiempo, antes de ser expulsado ante Hungría. Nadie imaginaba que ese jovencito terminaría convirtiéndose en el futbolista más importante que Argentina ha tenido, después de Diego Armando Maradona.

Durante muchos años, la mayoría de los aficionados argentinos no quería a Messi, no era suficiente. En el Barcelona era un ídolo que marcaba goles cada partido, pero con la camiseta de su país se quedaba corto. Dudaban de su liderazgo, su compromiso, su carácter y lo llamaban “pecho frío”. Lo sentían más español que argentino y lo comparaban una y otra vez con Maradona. 

Messi no se rindió y en el Mundial de Brasil 2014 asumió el liderazgo de Argentina y la llevó hasta la final, donde se quedó con el subcampeonato tras caer ante Alemania. En 2015 volvió a regalarle a su país el segundo lugar de la Copa América, al perder en la final con Chile. Un año después, en la edición del centenario del torneo, en 2016, falló su tiro en la tanda de penales y, profundamente frustrado, anunció su retiro de la Albiceleste a los 29 años. El goleador y su selección parecían no encontrar la manera de encajar.

En 2018, Lionel Scaloni tomó las riendas de Argentina y comenzó a construir un equipo que acompañara a Messi, para quitarle la responsabilidad de cargar, él solo, con el peso de la selección. Aparecieron otras figuras, como Ángel Di María, Rodrigo De Paul, Emiliano Martínez y, con todo esto, la selección recuperó confianza, identidad y títulos.

En 2021, Argentina derrotó a Brasil en el Maracaná y conquistó la Copa América. Messi, después de tantas finales perdidas, por fin levantó un trofeo con la selección mayor.

Después llegó la Finalissima de 2022 en el estadio de Wembley. El capitán jugó extraordinariamente y se llevó la victoria con Argentina, por 3-0, frente a Italia. 

Meses más tarde, en el Mundial de Qatar, Argentina arrancó perdiendo contra Arabia Saudita en el debut, pero se levantó. Messi marcó en todas las fases del torneo y terminó levantando la Copa del Mundo después de derrotar a Francia en una de las finales más fabulosas y emocionantes que yo haya visto. 

En 2024 ganó otra Copa América venciendo a Colombia por 1-0. Y, este año, llegó al Mundial todavía como capitán, como protagonista. Con 39 años, jugó su sexta Copa del Mundo y volvió a llevar a Argentina, con mucha polémica, hasta la final. Esta vez España fue mejor y les ganó 1-0, arrebatándoles el título de Campeón del Mundo. 

Con la Selección Argentina, Messi no solamente ganó, también perdió. En resumen: lloró en Brasil 2014, lloró en 2015 en Chile. Se fue de la selección. Regresó. Fue cuestionado. Fue silbado y rechazado. Fue comparado con Maradona. Y volvió una y otra vez. Al final, triunfó y se ganó el cariño de todo su país.

Messi llegó a Argentina como el chico tímido de Rosario que había crecido en Barcelona. Se va como una leyenda ligada a la identidad futbolística de Argentina. El propio Messi lo resumió en su despedida: “Me vacié, ya no tengo más para dar”. Y quizá ésa sea la frase que mejor define su final. No se va porque le falte algo. Se va porque ya lo dio todo.

Argentina siempre le pidió que fuera Maradona, pero Messi hizo algo mucho más difícil: ser Messi.

Ahora habrá que aprender a ver a la Selección Albiceleste sin él... y recordarlo siempre como uno de los más grandes de la historia del futbol mundial.