Hace dos décadas, Excélsior entró en una nueva etapa. Por la visión de don Olegario Vázquez Raña, el diario fue rescatado de un pernicioso desenlace, que si bien podía no significar su desaparición inmediata, con toda seguridad sería un paso definitivo hacia la irrelevancia, algo indigno para su historia, entonces casi centenaria.
No fue fácil enderezar el camino de El Periódico de la Vida Nacional. Requirió una inversión cuantiosa. Grupo Empresarial Angeles, hoy Grupo Vazol, no escatimó para ponerlo en pie. Bajo la conducción de Olegario Vázquez Aldir y Ernesto Rivera Aguilar, se hicieron numerosas contrataciones y se adquirieron equipos. Se modernizaron las instalaciones vetustas de la Esquina de la Información, y, con el tiempo, se hizo una mudanza a nuestra actual sede de Ciudad Imagen, en Copilco.
Hay que decir que todo el tiempo estuvo presente la idea de que Excélsior fuera parte de un ambicioso proyecto multimedia. Si bien la integración con Imagen Radio e Imagen Televisión representó todo un reto tecnológico —y también cultural, para los periodistas que habíamos hecho carrera exclusivamente en la prensa escrita o en los medios electrónicos—, no era un plan ajeno a la historia del diario, pues éste, desde sus primeros años, tuvo una estación de radio y, tiempo después, produciría programas de televisión. Así que Excélsior no hizo sino volver a sus orígenes, haciendo honor a su historia.
En lo personal, estos 20 años han sido apasionantes. Desde que puse pie por primera vez en las viejas oficinas de Excélsior, en Reforma 18, con el fin de hacerle una entrevista a Miguel Reyes Razo para una tarea de la universidad, siempre aspiré a trabajar aquí. Es, desde hace dos décadas, mi empleo más duradero, habiendo pasado desde 1988 por diversos medios de comunicación. Con respeto para todas las demás, no hay marca periodística más potente que ésta.
Uno de mis pasatiempos favoritos es quedarme durante horas en el archivo histórico del periódico, leyendo crónicas de tiempos idos y entrevistas con quienes ya no viven; descubriendo perlas informativas de antaño; tratando de entender cómo nuestros predecesores tomaron determinadas decisiones editoriales, y viendo cómo se tocan el pasado y el presente de los casi 110 años que lleva Excélsior dejando registro de los asuntos de interés público. O, para ser más preciso, 117 años si tomamos en cuenta que esta institución se fundó sobre la espalda de Revista de Revistas.
Sin embargo, lo que más aquilato es su componente humano, la entrega de los periodistas con los que me ha tocado la fortuna de trabajar: reporteros, fotógrafos, editores, articulistas y columnistas. Asimismo, el engranaje de todas sus áreas, indispensables para que se produzca el milagro diario de la publicación del impreso: administración, contabilidad, desarrollo organizacional, relaciones institucionales, circulación, comercial y producción.
No sé si me va a tocar ser testigo de la extinción del papel como plataforma informativa, pero mientras dure, diré que hay pocos sonidos que me llenan tanto como el de la rotativa en marcha. Aun así, nunca he tenido tiempo para la nostalgia. Mucho menos en Excélsior, donde la estrategia digital da cada día un paso más al frente, preparándose para que nunca la tome desprevenida el avance imparable de la inteligencia artificial.
Gracias a mis jefes por la confianza que han depositado en mí para dirigir el área editorial de esta gran institución durante dos décadas, y ser testigo, desde esta enorme plataforma, de los cambios fundamentales que han experimentado el país y el mundo en este tiempo; gracias a mis compañeros, por la posibilidad de sorprendernos y entusiasmarnos juntos con las maravillas del oficio de ser periodistas, que no cambiaríamos por nada, y gracias a la familia y a los amigos, por comprender que cuando uno no está, es porque el deber y el sentido de la responsabilidad han llamado a la puerta.
Los años que vienen seguramente no serán menos intensos en retos y oportunidades. Demandarán inteligencia, sensatez, paciencia y mucho esfuerzo. Mi tranquilidad reside en que en avenida Universidad 2014 —donde ya cumplimos una década— hay el liderazgo y el talento para volver realidad nuestros planes más atrevidos, pensando siempre en lo más importante: los lectores, los radioescuchas y los televidentes. ¡Larga vida a Excélsior y a Grupo Imagen!
