La Historia ha documentado una y otra vez la aparición de personas cuya ambición las lleva a hacer actos de corrupción para lograr sus fines, con consecuencias para la salud y la economía de cientos o miles de personas, la miseria moral evidente en sus actos y sus declaraciones son conocidas por los ciudadanos, que exigen que se hagan investigaciones y se castiguen sus delitos; y, al saberse perseguidas, esas personas optan por desaparecer, escondiéndose o viajando a otro país.
La señora Guadalupe Taddei, que fue titular del INE hasta hace unos días, encabeza hoy la lista de esas personas que tienen una ambición patológica; ella rompió muchos récords de corrupción –como relata Andrés Becerril en este diario–, ya que logró la aprobación de 124 mil 782 mdp entre 2023 y 2027, lo que supera a la Cámara de Diputados, la de Senadores y al Inegi, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Fiscalía General de la República y Secretarías como Trabajo, Hacienda y Cultura.
Sí, de ese tamaño fue la capacidad de la señora Taddei para hacerse de fondos y, de paso, exhibir la miseria moral que la llevó a violar todas las leyes e involucrar a muchos colaboradores y funcionarios es sus actos corruptos; cada día aparecen más denuncias al respecto. Y como los ratones huyen cuando hay peligro, comenzaron a aparecer renuncias de directivos y colaboradores de la señora Taddei, que ya suman más de 30, mientras ella, al parecer, huyó del país hacia Arizona.
No podemos ignorar que, desde octubre de 2024, Morena y sus aliados modificaron drásticamente el artículo 45 de la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales y facilitaron la designación unilateral de funcionarios, debilitando el mecanismo colegiado que exigía, hasta entonces, el respaldo de 11 consejeros. De esa manera, la señora Taddei adquirió facultades para nombrar directamente a los titulares de direcciones ejecutivas y unidades técnicas, por lo que la corrupción evidenció su miseria moral y el INE se transformó en el monstruo que hoy conocemos.
Lo triste de esta situación, que afectará a todos los mexicanos, será difícilmente revertida, y ya sabemos que todas las elecciones son difíciles, la del 2027 puede ser catastrófica, y retrasará al país aún más en su búsqueda por la democracia y la libertad. Ya no tiene sentido lamentarnos por todo lo ocurrido, sino encontrar el camino para que los ciudadanos podamos votar con libertad y tranquilidad; el INE se tiene que sanear.
Y eso nos lleva a recordar algunas acciones del pasado, como la Reforma Electoral de 1996 que consolidó la transición democrática y las marchas multitudinarias el 13 de noviembre de 2022 y el 24 de febrero de 2023 en la Ciudad de México y en diversas ciudades del país y el extranjero, en rechazo a la iniciativa de Reforma Electoral promovida por el infame señor que ya no está aquí, con la petición a la Suprema Corte de Justicia de la Nación de declarar inconstitucional el llamado “plan B” electoral.
Y ante lo que ahora vemos: ambición, corrupción y miseria moral, ¿qué hacemos los ciudadanos?
Es lamentable ver el poco interés que tiene la mayoría de los mexicanos por lo que ocurre y lo que va a ocurrir, y el triste papel que hasta ahora han tenidos los partidos políticos para estimular a sus seguidores y plantear soluciones a todos los problemas que nos aquejan.
Los partidos políticos languidecen. Frente a 2,322,136 afiliados de Morena, hay 1,411,889 del PRI, 582 mil 417 del Verde, 457 mil 624 del PT, 384 mil 005 de Movimiento Ciudadano, 336 mil 155 de PAZ, 303 mil 048 de Que siga la Democracia, 296 mil 155 de México tiene Vida. 294 mil 094 de Somos, y 277 mil 665 del PAN, esta membresía no es para presumir.
¿Y qué hacen estos partidos? Además de recibir los dineros que les corresponde, no vemos que tengan planes concretos, hagan declaraciones, inicien campañas para atraer simpatizantes, parece que las elecciones y sus consecuencias no son del interés ni de los jefes de cada partido ni de sus miembros.
Las consecuencias de esa falta de interés por los asuntos del país y de la indefinición de sus metas se verán en los próximos meses, y lamentablemente no vemos que haya líderes de partidos que hablen directamente del tema y ofrezcan soluciones.
Y para conocer esa falta de interés ciudadano por nuestra democracia, las elecciones y el futuro de México, pregunto: ¿con cuántas personas o familias han hablado sobre las elecciones?, ¿con cuántos amigos o vecinos se aborda este tema?
Porque es posible que los diversos asuntos que afectan a los ciudadanos: carestía, inseguridad, desapariciones, muertos y enfermos, sean más importantes para cada familia que las elucubraciones sobre las elecciones del 2027; y aunque eso sea triste, es una verdad inocultable… pero el INE tiene que cambiar.
