Derrame cerebral: cinco señales de alerta que podrían salvarte la vida
Un accidente cerebrovascular puede comenzar con alteraciones repentinas de la visión, el equilibrio, el habla o la fuerza muscular. Reconocer los síntomas y solicitar atención inmediata puede evitar consecuencias graves.

Un accidente cerebrovascular (ACV), conocido comúnmente como derrame cerebral, puede ocurrir de manera repentina y provocar daños permanentes en cuestión de minutos. Sin embargo, muchas de sus señales de alerta pueden reconocerse antes de que la persona reciba atención médica.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cuatro personas adultas podría sufrir un accidente cerebrovascular a lo largo de su vida. En 2021 se registraron aproximadamente 11.9 millones de casos nuevos en el mundo.
La enfermedad constituye una emergencia médica porque interrumpe el suministro de sangre al cerebro, lo que puede ocasionar daño neuronal, discapacidad permanente e incluso la muerte.
En vísperas del Día Mundial del Ictus, que se conmemora el 29 de octubre, especialistas y organismos internacionales subrayan la importancia de identificar los síntomas y buscar ayuda inmediata.

Las señales que no debes ignorar
Aunque uno de los signos más conocidos es la desviación de un lado del rostro, un accidente cerebrovascular puede manifestarse de distintas maneras.
Entre los síntomas se encuentran la pérdida repentina del equilibrio, dificultades para caminar, alteraciones de la visión en uno o ambos ojos, debilidad en brazos o piernas y problemas para hablar o comprender lo que otras personas dicen.
También puede presentarse un dolor de cabeza súbito y muy intenso, sin una causa conocida.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan prestar especial atención a la aparición repentina de cualquiera de estos síntomas, incluso cuando solo se manifieste uno de ellos.

¿Qué ocurre dentro del cerebro?
Existen dos mecanismos principales que pueden provocar un accidente cerebrovascular.
El primero es el isquémico, que ocurre cuando un coágulo obstruye un vaso sanguíneo e impide que la sangre llegue adecuadamente a una región del cerebro.
El segundo es el hemorrágico, que se produce cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia cerebral.
Aunque ambos pueden ocasionar síntomas similares, sus tratamientos son diferentes. Por ello, es indispensable realizar una evaluación médica y estudios de imagen que permitan identificar el tipo de accidente cerebrovascular.
La rapidez en el diagnóstico puede ser determinante para reducir el daño cerebral.

¿Qué hacer si aparecen los síntomas?
Ante la sospecha de un accidente cerebrovascular, la recomendación es llamar inmediatamente al 911 y solicitar una ambulancia.
También es importante identificar la hora en que comenzaron los síntomas, ya que esta información ayuda al personal médico a evaluar las opciones de tratamiento.
No se debe esperar a que las molestias desaparezcan ni intentar trasladarse por cuenta propia al hospital. Tampoco se recomienda administrar aspirina, debido a que algunos accidentes cerebrovasculares son causados por hemorragias que podrían agravarse con este medicamento.
Un aspecto especialmente importante es que los síntomas pueden desaparecer después de unos minutos.
Esto podría corresponder a un ataque isquémico transitorio (AIT), provocado por una interrupción temporal del flujo sanguíneo cerebral. Aunque la persona aparentemente se recupere, continúa siendo necesaria una evaluación médica urgente.
La desaparición de los síntomas no significa que el peligro haya terminado.

La prevención comienza con la presión arterial
La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar un accidente cerebrovascular.
De acuerdo con la OMS, las personas con hipertensión presentan un riesgo casi tres veces mayor que aquellas que no padecen esta condición.
Otros factores asociados son el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado, el sobrepeso, la inactividad física y el consumo nocivo de alcohol.
Aunque existen factores que no pueden modificarse, como la edad o los antecedentes de un accidente cerebrovascular, mantener bajo control la presión arterial, realizar actividad física, cuidar la alimentación y atender oportunamente las enfermedades crónicas puede disminuir el riesgo.
La prevención es importante, pero reconocer una emergencia resulta fundamental: ante cualquier señal repentina de un posible accidente cerebrovascular, la prioridad debe ser buscar atención médica inmediata.