Aunque en 2024 Donald Trump presumió una victoria aplastante, en realidad, en la contienda legislativa, sólo obtuvo 219 de 435 representantes y 53 de 100 senadores. En las elecciones legislativas del pasado martes 3 de noviembre, los demócratas ganaron 237 representantes (54.5% del Congreso) y al menos 54 senadores. Al cierre de las campañas, las encuestas anticipaban una ventaja para los demócratas, pero los resultados de esta semana superaron los principales pronósticos de encuestadores y otros expertos.
Históricamente, en las elecciones intermedias de Estados Unidos el partido gobernante suele perder fuerza en el Congreso. Sin embargo, el resultado de esta semana representa el segundo revés más grande en elecciones intermedias desde 1946 a la fecha: la pérdida promedio es de 7% del voto popular, y la de este año será de 15 por ciento. Para poner este resultado en perspectiva, vale la pena recordar que en 2010 el Partido Demócrata perdió 17.4 puntos en el voto popular respecto a 2008, cuando Barack Obama llegó a la presidencia. Algunos analistas comparan este revés con el de Richard Nixon en 1974 o el de George Bush en 2010, dos presidentes republicanos que fueron sumamente impopulares durante sus segundos mandatos.
Los candidatos del partido demócrata arrebataron siete escaños del Senado a los republicanos: Kansas, Texas, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Iowa, Ohio y Maine. El electorado de Kansas no había votado por un senador demócrata desde 1932. El de Texas desde 1988, y en Carolina del Sur desde 1998. En cuanto a las gubernaturas, los demócratas consiguieron importantes victorias en estados históricamente republicanos o que apoyaron a Trump hace dos años: Texas, Ohio, Iowa, Georgia y Nevada. El creciente peso del electorado latino en Estados Unidos se tradujo en que Gina Hinojosa y Xavier Becerra gobernarán Texas y California, respectivamente.
Las encuestas de salida reflejan un fuerte giro hacia el Partido Demócrata entre la mayoría de grupos sociales: desde jóvenes y adultos hasta la población de origen latino y personas sin estudios universitarios. Este año, Trump perdió apoyo tanto entre hombres como entre mujeres. El apoyo a Trump acaso se mantuvo ligeramente entre los adultos mayores.
El vicepresidente Vance ha reconocido públicamente que la guerra contra Irán, y su impacto en los precios de la gasolina, produjo esta derrota electoral. Por su parte, el presidente Trump ha declarado que la derrota se debió a que su nombre no apareció en las boletas electorales. Expertos y analistas han señalado que la carestía, los elevados precios de las gasolinas, los aranceles, pero también las agresivas políticas migratorias y la flagrante corrupción del segundo gobierno de Trump están detrás del importante revés a su partido.
Con la mayoría en ambas cámaras del Congreso, el partido demócrata intentará hacer contrapeso a las políticas de Trump. Sin embargo, vale la pena recordar que el presidente Trump aún tiene facultades para vetar cualquier legislación que considere un obstáculo importante. Sea como fuere, los demócratas podrán usar sus nuevas mayorías para acotar a Trump a través del presupuesto o bien, realizando audiencias o procedimientos contra los principales miembros del gabinete presidencial.
En medio de un marasmo, sin contar con liderazgos claros a nivel nacional o un mensaje coherente de oposición, las y los candidatos del Partido Demócrata le han dado un fuerte revés a Donald Trump y al Partido Republicano en las elecciones legislativas y locales de esta semana. El resultado de este martes puede interpretarse como un episodio más de la reciente oleada de elecciones con un fuerte voto de castigo en contra de los partidos en el poder, pero lo cierto es que deja muchas lecciones para otras democracias del mundo. Para quienes consideraban que la democracia en Estados Unidos estaba en una aguda crisis, el resultado electoral de esta semana puede ser un respiro.
