Con su caballerosidad de costumbre, Carlos Albert me pidió unos minutos al terminar nuestro noticiero de CNI/Canal 40. Era una noche de viernes de mayo de 2004. El titán físico y moral de siempre se quebró al confiarme que había ido a entregar el rescate exigido por los secuestradores de sus sobrinos Vicente y Sebastián Gutiérrez Moreno. Los jóvenes, sin embargo, no aparecían. En ese abatimiento, Carlos no sabía qué paso dar, pues, si no me equivoco, no querían enterar a las autoridades. Pocos días después conocimos la noticia de que los cadáveres de Vicente y Sebastián fueron localizados en un basurero de Los Reyes La Paz. Lejos de rendirse, Carlos se sumó activamente a quienes, a partir de esa monstruosidad, promovieron una gran movilización contra la inseguridad y la violencia: la memorable Marcha Blanca del domingo 26 de junio, sin oradores, que congregó a cientos de miles. La que inspiró a ciudadanos de distinta procedencia a crear y reforzar organizaciones de apoyo a las víctimas y a exigir cambios en las políticas de seguridad. Para mí, es imposible desligar a Carlos Albert de ese momento histórico. Recuerdo también lo mucho que nos dolieron a ambos las palabras del entonces jefe de Gobierno del DF, López Obrador, al calificar la marcha de mentira de los pirrurris de la derecha, “que andan por ahí con sus moñitos blancos”. Descansa en paz, enorme Carlos.
