#SanarAMéxico. Por una #NuevaRepública
Para Lázaro, Cuauhtémoc y Camila.
Estoy triste. No sólo falleció un gran personaje de la historia reciente de México, un líder de masas, un constructor de proyectos; se ha ido un mentor, un orientador en varias de las decisiones políticas más complejas en mi vida, un gigante al que hoy agradezco su cobijo en mis pequeñas batallas.
Cuauhtémoc Cárdenas siempre tuvo la disposición de abrir las puertas de su oficina, ésa en la que tenía varias fotografías con las cartas de su padre, ésa en la que estaba el enorme cuadro de mi paisano Hermenegildo Galeana. Me encantaba iniciar la charla con el recuerdo de la Provincia de Guadalupe —mi tierra— como parte del que fuera el Obispado de Michoacán. “Recuerde que somos paisanos, ingeniero. Por historia y geografía también tengo sangre de la tierra purépecha”, le decía. Aunque en las fotos casi siempre salía serio, en corto, tenía esa gran sonrisa que hoy recuerdo.
Siempre me dio una respuesta amable, un consejo puntual, un respaldo solidario, sin condiciones ni ambajes. Un día hicimos un “muro humano”, en respaldo a nuestros paisanos migrantes frente al río Bravo. Ahí en Ciudad Juárez, rodeados de obreros, estudiantes y cientos de niños tomados de las manos, para levantar la voz contra la discordia y los ataques. Para celebrar la vida, la humanidad y el trabajo digno, esas palabras tan preciadas que, cuando la política las pone al frente, desmontan cualquier ideología absurda. Y ahí estaba el ingeniero quien, con su sola presencia, provocaba que anhelos y esperanzas encontraran en él ejemplo y raíz.
En otra ocasión fuimos a Washington a un encuentro con organizaciones binacionales. Me hizo el honor de acompañarme a la firma de aquella iniciativa que presenté al alimón con el senador Bernie Sanders. Sin complejos, siempre con firmeza. Él era el rostro de un México que, orgulloso y consciente de sí mismo, podía ver frente a frente a cualquier nación. Ahí estaba el ingeniero para refrendar que, por encima de las confrontaciones, México y Estados Unidos tienen un destino común, basado en la convivencia sana y constructiva, sin polarización ni demagogia. El que más le agradezco fue cuando apoyó a la Cámara de Diputados a nombrar a los tres consejeros que aún faltaban en el entonces IFE. Mis colegas Videgaray (PRI) y Gil Zuarth (PAN) logramos ponernos de acuerdo en un nuevo método de selección. Como no teníamos confianza entre nosotros para nombrarlos, decidimos que nos los propusieran tres mexicanos insignes e intachables. Propusimos que fueran Don Luis H. Álvarez (PAN), Jorge Carpizo (PRI) y, por supuesto, Cuauhtémoc Cárdenas (PRD). Lo hicieron y resolvimos. Nosotros hicimos política, construimos confianza, pero ellos nos confirmaron que la evolución de la República siempre ha estado basada en la generosidad y el compromiso de grandes mexicanos y mexicanas. Que gran recuerdo esa cena con todos ellos en la oficina del rector José Narro para firmar este acuerdo.
Hoy que en México y el mundo la izquierda se debate entre la renuncia de Taddei del INE por supuestos actos de corrupción, incluidos sus amoríos con un proveedor y el sorprendente, aunque cuestionado, triunfo de Lula, la partida de Cuauhtémoc Cárdenas nos convoca a valorar el camino andado por la izquierda mexicana y desnudar las distorsiones que el lopezobradorismo le ha impreso. Hoy que se ausenta un coloso de nuestra historia reciente se presenta, cada vez más en su justa dimensión, la insignificancia del legado del tabasqueño.
Aquél que, frente a las puertas de Palacio, con un pueblo enardecido por la sensación de fraude y el desaseo de 1988, convocó a la más grande concentración democrática de izquierda de la historia para institucionalizarla en el PRD, deja como un enano a quien las destruyó con el único propósito de “agandallarse” —para él y los suyos— la República. No lo logró y aunque me hubiera gustado tener mayor contraste de Cárdenas con el AMLO presidente, su tamaño hoy —como el de Obi Wan tras su muerte en Star Wars— crecerá aún más para evidenciar la enorme farsa que ha construido Morena como supuesto proyecto progresista.
Abrazo con cariño, querido ingeniero, te vamos a extrañar quienes gozamos de tu orientación. Espero te encuentres pronto con Porfirio y en un fuerte abrazo recarguen los cartuchos para las batallas que vienen. Iluminen nuestro andar y el de su amado México.
