Hilos finos para el manto ajado de impunidad
Las luchas feministas han logrado equilibrar la balanza. Uno de los más grandes obstáculos fue el acceso al poder. Las leyes y reglamentos, las políticas públicas, las escribían y diseñaban casi puros hombres. Los intereses de las mujeres, ignorados. María Elena Chapa, apasionada, levantó la voz y reclamó “Ni más ni menos. Iguales”. ¡Luminosa!

Clara Scherer
Editorial
En estos días en que el respeto, el honor y la memoria llevan a conmemorar a las personas cercanas ya fallecidas, no se olvidan sus enseñanzas. Ancestral, la que habla de la inmutable condición humana. Luz y sombra en un mismo cuerpo. Obligatorios, los límites, los contrapesos.
Una voz muy repetida: “Ya sabemos que mujeres y hombres son iguales ante la ley y por eso se modificó la Constitución”. ¿A qué viene tanto grito feminista?
Muchas leyes seguían marcando la desigualdad de derechos. Desde las obligaciones maritales hasta los impuestos y los delitos. María de los Ángeles Moreno dio batalla con su siempre agradecible gentileza. ¡Brillante!
Las luchas feministas han logrado equilibrar la balanza. Uno de los más grandes obstáculos fue el acceso al poder. Las leyes y reglamentos, las políticas públicas, las escribían y diseñaban casi puros hombres. Los intereses de las mujeres, ignorados. María Elena Chapa, apasionada, levantó la voz y reclamó “Ni más ni menos. Iguales”. ¡Luminosa!
Muchas organizaciones, entre otras Mujeres en Plural, se dieron a la tarea de abrir espacios y lo lograron. María del Rocío García Gaytán, solidaria, desde el Instituto de las Mujeres, apoyó el esfuerzo. Primero, con cuotas, y luego con la ley de paridad en todo.
Hoy, 50% de los cargos en el Legislativo están ocupados por mujeres. Se avanza en los ejecutivos locales y municipales, y en el Poder Judicial.
Un obstáculo que parece insalvable es la violencia contra ellas. Aída González gestionó la firma de México para la Convención Internacional para Erradicar la Violencia contra las Mujeres. Esas múltiples violencias hoy tienen una cara de horror. La indiferencia que desde el Estado se inflige a las Madres Buscadoras, ofensa ingrata. La indiferencia mata. Y el Poder Judicial deshecha un amparo a favor de una niña con diabetes. El acordeón y su indigno actuar.
En este camino, la impunidad hace acto de presencia y, aunque es difícil de creer, ha encontrado nuevos materiales para tejer mantos y tapar escándalos, intentando ocultar agravios.
Las abuelas decían, no sin razón, que nunca hay que utilizar hilos viejos. No aguantan el quehacer cotidiano y sólo muestran vergüenzas.
Así, desde el poder, quieren tejer con hilos finos, de marca Lorenzo Córdoba, el gran manto ya maltrecho para encubrir un enorme y miserable clan que se extiende no sólo a diversas áreas del otrora honorable y queridísimo Instituto Nacional Electoral, sino también a los Organismos Públicos Electorales de varios estados, a empresas privadas y quizá hasta a Talleres Gráficos de México.
El entuerto no ha dejado de hacer guiños a uno que otro legislador del mismo partido que intenta, banamente, deslindarse, pero fue el que quitó límites y contrapesos. Con sus artimañas le apuestan al olvido. Los mantos ajados por tanto uso no aguantan el peso, el tamaño y el insulto del desfalco. Quienes tienen las manos enredadas se esconden y dicen que la principal responsable huyó, dejando su larga y negra sombra. Ahora ¿cómo reconstruir confianza?