El 21 de noviembre de 1986, la Organización Mundial de la Salud (OMS) organizó la primera Conferencia Internacional sobre la Promoción de la Salud en Ottawa, Canadá. De este encuentro surgió la Carta de Ottawa, un documento orientado a alcanzar la meta de “Salud para Todos en el año 2000”, a través de una nueva concepción de la salud pública.
De forma paralela, y en respuesta al acelerado crecimiento urbano y al deterioro de las condiciones de vida en el entorno europeo, la OMS impulsó en esos mismos años el enfoque de Ciudades Saludables, estrategia diseñada para abordar los determinantes sociales y ambientales de la salud directamente desde los entornos urbanos. Se trata de una urbe en desarrollo continuo que optimiza su entorno físico y social.
Su objetivo es fortalecer los recursos comunitarios para fomentar el apoyo mutuo, el bienestar diario y el máximo desarrollo de sus habitantes. En este contexto, la Carta de Ottawa (1986) es la base teórica que el movimiento de Ciudades Saludables lleva a la práctica a nivel municipal.
Esta alianza convierte al gobierno local en el actor clave para el bienestar ciudadano a través de cuatro ejes: la creación de entornos urbanos favorables (calles, parques, escuelas), el diseño de políticas públicas locales transversales (servicios básicos, recreación y seguridad), el impulso a la participación comunitaria en la toma de decisiones y la gestión directa de los determinantes sociales de la salud (vivienda, educación y equidad) desde el entorno cotidiano.
Adicionalmente, las cinco áreas de la Carta de Ottawa a escala local se resumen en: 1) Políticas sanas, regulando sectores no médicos (como el tránsito) a favor del bienestar; 2) Entornos favorables, diseñando infraestructura urbana limpia y segura (ciclovías, gestión de residuos); 3) Acción comunitaria, empoderando a los vecinos para liderar sus propios proyectos (huertos urbanos); 4) Aptitudes personales, educando a la población en habilidades para la vida (talleres de nutrición y estrés) y, 5) Reorientación de servicios, transformando la medicina curativa en un modelo preventivo e integrado con la comunidad (coordinación con parteras tradicionales).
Es así como la Carta de Ottawa define la promoción de la salud como el proceso de empoderar a las comunidades para controlar y mejorar su propio bienestar, concibiendo la salud no como una meta, sino como un recurso para la vida diaria. Al depender de factores sociales, económicos y ambientales, la salud es una responsabilidad colectiva que exige la acción conjunta de todos los sectores del gobierno y la sociedad.
Aunque el documento original mantiene su vigencia tras cuatro décadas, su aplicación actual enfrenta nuevos desafíos globales. Para responder al contexto contemporáneo, es indispensable actualizar sus principios integrando el enfoque de género, la interseccionalidad, la inteligencia artificial, la transformación digital y el combate a las desigualdades persistentes.
En México se realizará, durante noviembre 26 y 27, el Congreso Conmemorativo: 40 años de la Carta de Ottawa para la promoción de la Salud, espacio interdisciplinario para analizar la vigencia de sus principios, reconocer avances y debatir los desafíos emergentes de la promoción de la salud. A través de este diálogo crítico se construirán colectivamente nuevas estrategias que fortalezcan la colaboración intersectorial para la integración del bienestar en las políticas públicas, bajo un enfoque integral, equitativo y culturalmente pertinente, aprovechando estratégicamente las tecnologías existentes y las herramientas digitales para maximizar el alcance, eficiencia e impacto de las intervenciones locales en salud.
