Coincido con José Woldenberg: “Sería conveniente un gran acuerdo político para integrar un nuevo consejo general del INE que contara con el apoyo de los seis grupos parlamentarios”. Coincido porque, para mí, los consejeros Cruz, Castillo, Chávez, De la Cruz, Espadas, Faz, Gómez Puga, Humphrey, López Vences y Montaño fallaron en dos momentos en que era especialmente importante no fallar: dejaron pasar la elección de los acordeones y nada hicieron frente a la escandalosa corrupción que hemos conocido gracias al trabajo de un puñado de periodistas. Consintieron lo inconsentible. No lo frenaron ni dejaron una constancia honorable de su rechazo, más allá de la comodidad de votar en contra. Irse ayudaría, idealmente, al arribo de voluntades comprometidas con el objetivo democrático por el que habría que dejarse el pellejo. Pero buenos analistas me hicieron reparar en que la renuncia colectiva sólo agregaría caos. Puede que tengan razón. Lo que sí podrían hacer entonces los consejeros es acompañar la iniciativa que presentó antier el senador Beltrones, que propone devolverle al consejo las decisiones colegiadas sobre compras, licitaciones y nombramientos de funcionarios: atribuciones de las que se apoderaron Guadalupe Taddei y el régimen de la 4T. No veo cómo, en estas circunstancias, una mayoría legislativa votaría en contra de una expresión firme de los 10 consejeros. Unánime.
